Introducción al Bitcoin

En los últimos años el Bitcoin se ha ganado un lugar en el repertorio de conceptos que un “científico social”, un politólogo, o cualquier interesado en la realidad económica del mundo debe entender. Cada vez más, el Internet y las herramientas digitales invaden nuestras relaciones; no conocerlas o simplemente ignorarlas resulta en una falta de comprensión que un día llegará a ser crucial. Sin embargo, a pesar de que el Bitcoin se está incorporando al “mainstream”, pocos entienden su funcionamiento e impacto en la forma como intercambiamos el fruto de nuestro trabajo, es decir, su potencial para cambiar el mercado.

Actualmente el mercado se apoya en un monopolio, invisible para el común de la población pero evidente una vez que alguien lo señala: solamente una institución — el banco central — tiene la capacidad de producir moneda. El solo hecho de sugerir otra forma de producir moneda amenaza con derrumbar los pilares del recuadro social que nos rodea (como cuando alguien hace siglos señaló “Y sin embargo se mueve”). Pensar que no necesitamos que “nos den imprimiendo allí, detrás de esas puertas resguardadas con pilares de mármol, los papelitos verdes con que intercambiamos cosas”, rompe con siglos de tradición. Y quizás por eso la adopción del Bitcoin ha sido relativamente lenta.

Comencemos por la aseveración que termina con los bancos centrales: Bajo las reglas del Bitcoin, cualquier persona con acceso a energía y tecnología puede producir moneda. Entonces, la inquietud lógica es: ¿Cómo se asegura el Bitcoin que la gente con acceso a energía y tecnología (desde ahora los llamaremos nodos) que pertenecen a la red no creen la cantidad de monedas que les plazca? Antes de responder a esto, sepan que los bancos centrales sí imprimen a placer la cantidad de dinero que satisface sus necesidades bélicas y populistas.

En la red Bitcoin, los nodos tienen que hacer un esfuerzo real para producir una moneda. Para generar nuevos Bitcoins, es necesario resolver un problema matemático muy complicado, tan complicado que requiere mucha energía y capacidad computacional. Después de que una computadora resuelve el problema matemático, genera un nuevo “bloque” que es insertado en la cadena de bloques (en inglés, blockchain). La cadena de bloques contiene las transacciones de Bitcoins, y los últimos bloques guardan las transacciones de los últimos minutos.

¿Dónde vive dicha blockchain? sería la siguiente pregunta. La respuesta es fascinante: en ningún lugar específico, todos los nodos guardan una copia actualizada de la cadena de bloques. Es decir, todos tienen el registro de todas las transacciones.

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Otra pregunta no menos importante es: ¿Cómo se decide quién actualiza el blockchain? Satoshi Nakamoto, el creador del Bitcoin, llamó acertadamente al proceso de resolver el problema matemático, “minado”. Minar es como resolver un rompecabezas en el que las fichas son blancas; la única manera de resolverlo sería probar tantas combinaciones como fueran posibles hasta que, por azar, el rompecabezas resulte completo. Como cualquier rompecabezas, es sencillo confirmar que no le falta ninguna ficha una vez que está terminado. Así, la red revisa que la respuesta al problema matemático es correcta y otorga el derecho a sumar un nuevo bloque de transacciones a la cadena junto con una recompensa en Bitcoins. Las transacciones que han sido sumadas a la red son reconocidas como “confirmadas” y todos los nodos pronto actualizan sus tablas y los nuevos montos en las direcciones correspondientes.

El proceso es complejo y requiere más de dos párrafos para dibujar una explicación íntegra de los engranajes del Bitcoin. La esencia, sin embargo, es la que este texto busca traducir. El Bitcoin es una sistema monetario que no depende de un centro que registre las transacciones (como un banco), sino que las transacciones son registradas por todos los nodos de la red gracias a un sistema de incentivos apoyado en criptografía. Todos saben cuánto tienen todos y nadie (como el banco central) puede alterar a discreción los montos de las cuentas.

Y eso no es todo, esta tecnología cuenta con otra característica profundamente revolucionaria: No se limita a ser la moneda más efectiva que el ser humano ha descubierto hasta ahora, sino que contiene en sí misma la capacidad de evolucionar. El código abierto permite a otros utilizar lo desarrollado, leerlo, entenderlo y mejorarlo. Actualmente hay más de seiscientas criptomonedas con distintos enfoques y cualquiera de ellas es mejor que el dinero de papel con el que se maneja el mundo. Así, el Bitcoin es para el dinero lo que el cero fue para la matemáticas, es una base conceptual sobre la cual es posible construir una infinidad de edificios.

 

Alejandro Veintimilla
Enero 2017
@criptoanarquism

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